Mostrando entradas con la etiqueta literatura y periodismo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta literatura y periodismo. Mostrar todas las entradas

viernes, 20 de noviembre de 2009

Elizabeth Bathory



Elizabeth Bathory fue miembro de la nobleza húngara en el siglo 16. Es conocida como la Condesa Sangrienta, porque mató a 600 muchachas para beber y bañarse con sangre y asi ser joven y bella por siempre. Debido a su condición de noble no fue castigada con la pena muerte, sino con vivir encerrada en un castillo de por vida. ¿Pero será en realidad la culpable de tan atroces crimines o fueron solo acusaciones de sus enemigos políticos a los cuales no le convenían tenerla en el poder? ¿Fue victima o victimaría?


El paso del tiempo no es un obstáculo para la entrevista, camino por el castillo que sirve de prisión al llegar a su celda una pared me separa de la prisionera. Asomo mi rostro por la pequeña abertura, única conexión que tiene con el resto del mundo y que le sirve para obtener sus alimentos que ya no son la sangre y carne de doncellas, sino comidas menos elaboradas y frescas.

Numerosas leyendas se han tejido alrededor de esta mujer poderosa y cruel, la consideran como la mujer mas hermosa de Hungría, pero al verla encerrada mas parece una muerta en vida, pálida y en cuyos ojos oscuros y fríos se refleja el deseo de destruir las paredes que la oprimen y huir a la libertad

“Debe ser difícil pasar de ser una de las mujeres mas importantes de su tiempo, a ser una prisionera eterna en tan lujoso castillo. ¿Se arrepiente de algo?”

Se demora en contestarme, tal vez por hace tiempo que no hablaba con nadie o quizás porque tenía ganas de beber mi sangre. Antes de responder se arregla el cabello y alisa con sus manos la túnica gris que lleva puesta, se sienta en una silla con delicadeza y con gran ceremonia como si este fuera un trono y no estuviera presa, sino en la corte de un monarca.

“Lo único de lo que puedo arrepentirme es de haber nacido en el lugar y tiempo equivocados. De haber nacido en una posición privilegiada y envidiada por todos. La injusticia de mi castigo es una venganza política de parte del Rey Mátyás II, quien siempre ha codiciado mi fortuna y que ahora la posee”.

Su postura continúa siendo firme y elegante, pero sus ojos brillan con una ira que acompaña a su voz.

“Entonces, ¿niega haber sido culpable de los 600 asesinatos a las doncellas que vivían con usted?”

La manos que plácidamente reposaban en su regazo se cierran con fuerza apretando sus uñas contra las delicadas palmas. “Uno de lo valores mas importantes es el respeto, siempre he exigido respeto. Y aquellas personas demasiado ignorantes e inútiles para comprenderlo debían tener un escarmiento. No sé porque la ley se empeña en condenar lo que hice, todos los aristócratas hacen lo mismo, sino ¿Cómo esperan mejorar el comportamiento de la servidumbre? No es un secreto que ésta ya no es tan buena como antes y alguien tenía que hacer algo al respecto.

“Pero eso no justifica llegar a los extremos de crueldad por los que se le acusa, como coserle la boca a una muchacha porque hablaba demás ¿no lo cree?”

“No, no lo creo. Si usted hubiera conocido a esa campesina parlanchina le aseguro que también hubiera querido coserle la boca. El silencio es una virtud y era mi deber educarla, al final aprendió la lección. Nunca más la escuché hablar”. Dijo lo último como si le produjera gran placer y orgullo.

“La educación aparenta ser muy importante para usted ¿cierto?”

“Las personas de poder como yo, no pueden ser ignorantes. Me educaron para mandar, como a una reina, incluso yo diría que mas que una reina. Sé escribir y hablar en húngaro, alemán y latín, mientras que los demás nobles apenas saben decir su nombre. Son un conjunto de iletrados patéticos. Ni el mismo príncipe se libra de la ignorancia que rodea a la mayoría. Es una de las razones que me llevaron aquí. Me envidiaban con una pasión inhumana y ninguno de ellos podían permitir que una mujer tuviera el control de las posesiones de tierras más extensas y fecundas del país. Especialmente en la condición en que me encontraba, viuda y sin un ejército a mi servicio”

Guardo silencio por unos minutos para esperar a que se calme un poco y continúo para llegar a donde deseo. “Los rumores que recorren el pueblo acerca de su gran belleza son ciertos” - miento, para que se sienta halagada – “¿Tiene algún secreto de belleza que pueda compartir conmigo?”, pregunto con una sonrisa que intenta ser encantadora.


Se acerca a la pequeña abertura que nos separa y con un susurro me dice “si usted pensaba que iba a caer en esa trampa, entonces es realmente tonta”. Vuelve a su posición inicial y eleva su cuello de forma altiva. Me doy cuenta de que no existen arrugas en su fino cuello, ni en su rostro, que a pesar de tener un poco atractiva palidez mortal no es recorrido ni por el más leve surco. Nota mi sorpresa y sonríe por primera vez. En sus ojos hay un brillo cómplice, sonrío también.

“Descubrí el secreto de la eterna juventud un día de verano, una de mis sirvientas se enfermó ese día y como reemplazo mandó a una joven campesina para que me atendiera. Demostró mucha torpeza pero lo dejé pasar, hasta que cometió la sandez de jalar con brusquedad mis delicados cabellos con el cepillo. Me enfurecí y comencé a golpearla con el cepillo de plata hasta que gotas de su sangre me salpicaron y en el lugar en que cubrieron mi piel esas cálidas gotas borraron las arrugas, dejándola tan bella y lozana como cuando era una niña”- sus ojos brillaron con una fascinación enfermiza al revivir con pasión el día de ese gran descubrimiento- “llamé a mis fieles sirvientes y con su ayuda me deshice de esa muchacha”

“¿Deshizo? Dígame que hizo con ella y con el descubrimiento que había hecho”

“Ella merecía tener un castigo y yo merecía ser joven por siempre, la juventud y belleza se malgastan con tanta crueldad en doncellas incultas. Así que le corté el cuello y con su sangre caliente cubrí mi cuerpo, palmo a palmo para borrar aquellas marcas en el que el tiempo había dejado huella de su paso atroz. No me mires de esa forma- dice al notar la repulsión en mis ojos- ¿Usted sería capaz de rechazar la oportunidad de ser joven por siempre?”

“¿Qué me puede decir acerca de sus cómplices?”- le pregunto para recordarle que quien hace las preguntas soy yo.

“Fueron pocos pero muy fieles, Dorottya me ayudaba a atrapar a las criadas al igual que Ficzko, Helena Jo guardaba mis secretos por miedo a ser la próxima de mis victimas, la pequeña Katarina vigilaba a las jóvenes que cumplían sus castigos encerradas en los calabozos, pero la mas fiel de todas fue la bruja Darvulia. Ella me advirtió de no utilizar en mis ritos a jóvenes de la nobleza, pero no lo pude resistir. A nadie le importaba la desaparición de las chicas del pueblo, pero cuando las nobles comenzaban a morir de causas misteriosas fue demasiado sospechoso para todos”

Me mira con intensidad a los ojos, como si deseara adivinar cual será mi siguiente pregunta. Me pierdo en los ojos de la asesina, que fueron testigos de mas de 600 asesinatos y torturas. Y le hago la pregunta que mas he deseado hacerle desde que comenzó la entrevista ¿Fue sólo por juventud y belleza?”

“Fue por poder, al igual que todas las cosas sobre la tierra. Cada acción cometida por cada ser humano en el pasado, presente y futuro se debe a la búsqueda del poder. Poder para mandar, dominar, controlar el tiempo, espacio, a los demás. No, no fueron solo juventud y belleza. Fue el poder de controlar mi cuerpo, borrar cada línea que fue pintada por el tiempo, las marcas de abusos y de situaciones que no pude controlar, como un matrimonio no deseado a los 15 años, el nacimiento y muerte de mis hijos, la soledad en el castillo, el abandono de la familia y ver como el mundo brillaba mientras yo me opacaba con el paso cruel de las horas”

viernes, 18 de septiembre de 2009

Mi hermana del alma


Ella se enfrentó al mar y ganó



la de azul es Mónica yo soy la endemoniada vestida de angel, estamos con nuestra mamá

Mónica nació casi cuatro años antes que yo, desde pequeña siempre sentí que eso era una injusticia tremenda. La versión que siempre contaba y que aun cuento, es que mientras yo estaba en el cielo, haciendo una fila y esperando pacientemente mi turno para nacer, justo cuando las luminosas puertas del cielo se abrieron para que mi viaje a la tierra pudiera comenzar, mi querida hermana me empujó y bruscamente tomó mi lugar. Obligándome a tener que esperar cuatro largos años para volver a estar al frente de la gran puerta que me dejaría entrar a la tierra.

A pesar de todo eso agradezco que haya nacido antes que yo, si no fuera por Mónica yo hubiese sido secuestrada por los duendes malvados que ella vio que volaban sobre mi cabeza mientras dormía plácidamente en mi cuna. Encontrándome en un gran peligro mortal mi querida hermana valientemente se escondió debajo de su sábana, dejándome a merced de los duendes, famosos por llevarse a los niños sin bautizar, y esperó hasta el día siguiente para dar la voz de alarma.

La única persona que le creyó fue mi abuela Juana, que en esos tiempos era hechicera, y le dijo a nuestra madre que pusiera un pan debajo de mi almohada, si al día siguiente el pan amanecía mordido, era prueba innegable de que el mal me rondaba.

El tiempo y el pan le dieron la razón a la pequeña Mónica. Nuestros padres hicieron los arreglos para el bautismo, lo más rápido que pudieron. Cuenta la historia que apenas el agua bendita tocó mi pequeña cabecita, comencé a gritar como loca, causando conmoción en todo el templo y el pánico de un joven cura, que hasta la fecha sigue contando la anécdota.

Uno de los momentos de gloria de mi hermana sucedió en un hermoso dia de playa, ella, de apenas cinco años se encontraba haciendo castillos de arena en la orilla del mar y cuidando de su pesada hermanita menor. Cuando de pronto sintió la necesidad de ir en busca de su pequeña palita azul, así que me dejó por unos segundos al cuidado de su obra de arte. Al volver no había castillo de arena y para su horror tampoco había hermanita menor, yo estaba siendo arrastrada por las olas del mar, mientras reía estúpidamente ajena al peligro, como siempre.

Valientemente cogió su palita azul y entabló una épica batalla contra el mar para salvarme, peleó aguerridamente, pero el mar también. En medio de la batalla cuando sus fuerzas flaqueaban, se lanzó encima mío para cubrirme con su pequeño cuerpo. Esa vez no ganó una medalla por su valentía, pero se la merecía sin lugar a dudas.

La pequeña Mónica, solía llevarme en su triciclo, lo cual era una tarea muy ardua. Según dice mis pañales pesaban una tonelada y en mas de una ocasión sintió el impulso se lanzarme fuera del triciclo. Las veces en que sintió que su pesada carga se aligeraba y que sonreía, pensado que se había hecho muy fuerte, volteaba para darse cuenta, que su única pasajera se había levantado de su asiento, empujando con una mano el triciclo y con otra cogiéndose el pañal.

Esas historias definen quienes somos, siempre ayudándonos y cuidándonos, enfrentando a todo tipo de adversidades, incluyendo a duendes malvados y fuerzas de la naturaleza.
Siempre nos picaba con su barba
(hasta que lo obligamos a que se rasure)

mi hermana Mónica (la de azul) yo y papá jorge

No es amor, sino olvido la palabra que hace que la respiración me falte y que la cabeza me duela. Es que cuando sabes que tienes en tus genes la enfermedad del olvido y que quizá en unos años no podrás recordar cual es tu nombre y tu familia será un grupo de extraños, esta palabra da miedo. Escribo para no olvidar, especialmente para no olvidarme de ti. No sé el día exacto en que nos conocimos, ni cual fue la primera palabra que me dijiste, supongo que no dijiste nada, solo sonreíste, cogiste mi mamo y no la soltaste jamás.

Me llevabas cargada en tu espalda, envuelta en una manta, mientras trabajabas en tu taller y cuidabas del gran parque a espaldas de nuestra casa, aquel que fue mi pequeño reino, lleno de flores y grandes árboles. Hogar de Juancho, mi iguana y de los duendes que quisieron secuestrarme.

Nunca te dije abuelo, te decía papá Jorge porque siempre fuiste muy joven para llamarte abuelo, al menos antes mis ojos. Fuiste el destino a los cuales mis primeros paso me llevaron, siempre corría hacía ti, gritando y riendo, tu me cargabas, nos abrazábamos, mientras ponías en mis mejillas tus besos que picaban, yo me quejaba entre risas y tu ibas rápidamente al baño a rasurarte la barba, cumpliendo con mis caprichos.

Tenía 10 años cuando te enfermaste, debió de ser difícil para alguien como tú, quedar recluido en una cama. Cada vez que mi hermana y yo íbamos a visitarte, tú sonreías y fingías estar bien. Mientras yo fingía que te creía y juntos disfrutábamos de esos momentos, tratando de robarle tiempo a la muerte.

No te gustaban los hospitales y a mi tampoco, porque no podía ir a verte, te sentías sólo y yo también. Cada noche te escribía una carta diciéndote lo mucho que te amaba, que ibas a estar bien y que te estaba esperando. La firmaba con mi nombre, el de mi hermana y el de Skippy, mi hámster al que siempre le caíste bien.
Amarraba la carta a mi Furby y la colocaba de contrabando en el bolso de mamá, quien sorprendida, te la entregaba siempre. No sé donde estén las cartas que te escribí, pero sé que las leíste y que por un momento no te sentiste tan solo, mientras estabas en el cuarto del hospital rodeado de desconocidos.

La única vez que fui a verte al Hospital Dos de Mayo, te vi echado en una cama, en un cuarto muy grande y frió, lleno de gente extraña. Te veías diferente y fue ahí cuando me di cuenta de que no eras inmortal.
Al salir de tu cuarto caminé con mamá por el bello, triste y viejo hospital, al que no he vuelto ni quiero volver, entramos juntas a la capilla y rezamos por ti. Al poco tiempo volviste a casa, con el único deseo de celebrar tu cumpleaños. Todos fuimos a celebrar contigo, sin importar que ese en realidad no fuera tu cumpleaños. Bailaste, reíste, recordaste buenos momentos junto a la familia a quien tanto amaste.
Justo cuando pensé que ya estabas bien y que todo sería como antes, te fuiste un martes 13 de marzo del 2001. Lo supe aun antes que me lo dijeran, estaba en la escuela cuando sentí que te ibas del mundo. Esa noche en tu casa, cuando estábamos esperando tu llegada para comenzar a decirte adiós, mi hermana y yo nos pusimos a bailar frente a tu retrato, a pesar de las lágrimas porque queríamos hacerte sonreír una última vez. Al día siguiente encabezamos la procesión, cargando flores y guiando a la familia y amigos, mientras te veíamos unirte con la tierra.